De víctima... ¿a victimario?
por el Instructor Cert. Daniel Spiridione
Extraído del libro "Actualización en Defensa Personal 2009" por la Organización SPAD ®

Tal vez sea por desesperación, bronca, enfado u otro sentimiento encontrado, pero es habitual que aquella persona víctima de un ilícito recurra a la ayuda de familiares y/o amigos para recuperar o vengar su pérdida (económica o moral), impartiendo y haciendo uso de la violencia.

Para ser más concreto, planteo el siguiente caso (relativamente ficticio):

Joanna llega masticando bronca y toca el timbre de la puerta de su casa. Su madre le abre y al ver su cara le pregunta qué le pasa, y por qué toca el timbre y no abre ella misma la puerta. Joanna ingresa y cuenta frente a toda su familia lo ocurrido.

Resulta que mientras cruzaba el puente que pasa sobre la autopista, a dos cuadras de la casa, una pareja de adolescentes en bicicleta le exigieron la billetera y el celular. Sin mediar palabra y ante el miedo, abrió la cartera para darle a los ladrones lo solicitado, cuando velozmente la chica delincuente le arrebató la cartera entera con todo su contenido y la amenazó verbalmente para que se vaya tranquila. Los dos jóvenes delincuentes se fueron calmos andando en sus bicicletas a muy baja velocidad sobre la calle anexa que bordea la autopista a la bajada del puente.

Ante el relato, su hermano y padre deciden hacer justicia por mano propia y salir en la camioneta de la familia a recuperar lo robado. Joanna, no muy convencida, viaja con ellos para poder reconocerlos. Luego de unos minutos sin resultados deciden volver a su casa con las manos vacías y un enojo enorme.

Hasta aquí es solo un relato que por suerte sólo terminó con una pérdida material, pero lo interesante sería saber ¿qué hubiera pasado si encontraban a esta pareja de ladrones?

La verdad es que la gama de posibilidades es interminable así que sólo voy a plantear cuatro de ellas:

• Visualizan a los ladrones aún circulando en las bicicletas, aceleran la velocidad de la camioneta, le cruzan la misma delante del camino y mediante insultos y amenazas verbales le exigen que le devuelvan la cartera. Los delincuentes se intimidan y hacen lo solicitado. ¡Un final feliz!

• Visualizan a los ladrones aún circulando en las bicicletas, aceleran la velocidad de la camioneta, le cruzan la misma delante del camino, y los delincuentes frenan y comienzan a circular en sentido contrario. El padre de Joanna hace un “giro en U” y vuelve a alcanzar a los delincuentes que ante el miedo arrojan la cartera y siguen huyendo. ¡Otro final feliz!

• Visualizan a los ladrones aún circulando en las bicicletas; aceleran para ponerse a la par de ellos y desde la ventanilla le exigen que le devuelvan la cartera amenazándolos con atropellarlos. El delincuente saca un revólver oxidado y dispara dos veces contra el vehículo. El padre de Joanna frena la camioneta y se aleja en reversa unos cuantos metros. Los delincuentes se escapan y por suerte ningún disparo acierta a la camioneta ni a nadie. Un final malo en cuanto al robo pero con suerte, por el desenlace que podría haber tenido.

• Visualizan a los ladrones aún circulando en las bicicletas; aceleran para ponerse a la par de ellos y desde la ventanilla le exigen que le devuelvan la cartera amenazándolos con atropellarlos. El delincuente saca un revolver oxidado y comienza a disparar contra el vehículo. El padre de Joanna frena la camioneta y se aleja en reversa unos cuantos metros. El hermano recibió un disparo en su muslo derecho (no de gravedad) y la camioneta otros dos impactos de bala. Otro final malo y con relativa suerte.

Desde el punto de vista del análisis global y sólo teniendo en cuenta si se cumplió el objetivo primario de recuperar la cartera, tenemos dos finales buenos y otros dos malos. Pero desde un análisis más profundo vemos que desde el primer momento en que se salió en la búsqueda de los objetos robados, se actuó muy mal. Jamás se preguntaron que contenía la cartera, cuál era su valor y si realmente se justificaba exponerse a un riesgo tal.

Siempre en SPAD ® decimos que lo más importante y en lo que más se debe entrenar es en la prevención. En este caso se pasó por alto este concepto tan importante y se expuso a tres integrantes de una familia en la búsqueda y recuperación de unos objetos que jamás valdrían la seguridad de un ser querido, ¿o hay cosas que si lo valen? Mismo y siendo muy frívolo tampoco valía la pena el exponer a la camioneta; un parabrisas roto, un arreglo de chapa y pintura por un impacto de bala ¿si lo valía? Y pensando negativamente, aunque recuperaran la cartera por medios pacíficos en términos físicos ¿no existiría la posibilidad que los delincuentes el día de mañana reconozcan la camioneta y quieran buscar revancha aunque más no sea con algo tan simple como un rayón?

Me vuelvo a preguntar lo mismo ¿Qué contenía la cartera?, y para mi asombro descubro que solo se perdió de valor una cartera de cuero conteniendo un celular con ya varios años de uso, unas tarjetas de crédito y algunos cosméticos. ¿Valía la pena exponerse por eso? La respuesta la dejo a consideración del lector, ya que cada uno piensa y siente diferente.

Sin embargo y para que pueda realizar un mejor análisis, dejo la siguiente guía para repensar este tipo de actos que son más habituales de lo que se cree, y sin un análisis previo puede derivar en decisiones apresuradas influidas por el estado emocional del momento:

• ¿Qué quiero recuperar realmente?
• ¿Qué tanto significa o vale eso como para arriesgarme?
• ¿Qué consecuencias puedo causar a los delincuentes o a un tercero?
• ¿Qué tan preparado estoy como para exponerme voluntariamente a una situación de riesgo?
• ¿Qué consecuencias legales puedo tener? (me animo a influir en el lector en este punto, pero no se olvide que el hecho de robo finalizó cuando los delincuentes se alejaban en sus bicicletas)
• ¿Qué pasaría si en vez de una cartera fuera otro objeto o pertenencia?
• ¿Cuántos desenlaces positivos y cuantos negativos se me ocurren?

Y tal vez pudiera seguir agregando preguntas, pero apunto a que con estas pocas, el lector pueda mejorar su capacidad de análisis de situaciones de inseguridad y violencia, para que cuando los estados emocionales y estresantes de una situación real no lo dejen pensar con claridad, pueda decidir y actuar mejor.


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